jueves, 26 de agosto de 2010

De la voluntad

(Para no dejar morir este blog).
Cuando uno está realizando un discurso en la cabeza, lo que está ocurriendo en la mente es una sucesión de pensamientos, además, con sentido, es decir, sin apariencia de ser aleatorios, lo que nos hace pensar sin duda alguna que nosotros somos quienes guiamos nuestros propios pensamientos. No obstante, si es cierto que guiamos nuestros propios pensamientos, entonces sería cierto que somos capaces de elegir nuestro próximo pensamiento; sin embargo, para elegirlo, éste tendría que ser un pensamiento actual, uno ya presente en la mente, y no uno próximo, uno por ocurrir; por lo tanto, no es cierto que somos capaces de elegir nuestro próximo pensamiento en una sucesión de pensamientos o discurso: nos es imposible elegir nuestro próximo pensamiento. Si así son las cosas, que nuestros pensamientos aparecen sin guía alguna, entonces ¿qué es aquello que escuchamos en nuestra mente mientras tenemos un discurso en ella?, ¿cómo la aparición espontánea de pensamientos puede tener sentido?, ¿cómo una sucesión de pensamientos aleatorios puede tener sentido? Eso es precisamente lo que me gustaría responder.
     El azar con sentido ocurre por todos lados en la Naturaleza. ¿Todas las estructuras presentes en el Universo no surgen precisamente de procesos aleatorios? Citando a Ilya Prigogine:
La entropía es el elemento esencial que aporta la termodinámica, ciencia de los procesos irreversibles, es decir, orientados en el tiempo. Sabemos lo que es proceso irreversible. Se puede pensar en la descomposición radioactiva, en la fricción o en la viscosidad que modera el movimiento de un fluido. Todos esos procesos poseen una dirección privilegiada en el tiempo, en contraste con los procesos reversibles, semejantes al movimiento de un péndulo sin fricción. Una sustancia preparada en el pasado desaparece en el futuro, y la viscosidad modera el movimiento del fluido hacia el futuro. En cambio, en el movimiento del péndulo ideal no podemos distinguir futuro y pasado. Si permutamos el futuro, es decir “+t”, con el pasado, es decir “-t”, obtenemos un movimiento pendular tan plausible como el primero. Mientras los procesos reversibles son descritos mediante ecuaciones de evolución invariantes en relación a la inversión de los tiempos —como la ecuación de Newton en dinámica clásica y la de Schrödinger en mecánica cuántica—, los procesos irreversibles implican una rotura de la simetría temporal.
     La naturaleza nos presenta a la vez procesos irreversibles y procesos reversibles, pero los primeros son la regla y los segundos la excepción. Los procesos macroscópicos, como las reacciones químicas y los fenómenos de traslado, son irreversibles. La irradiación solar resulta de procesos nucleares irreversibles. Ninguna descripción de la ecosfera sería posible sin los innumerables procesos irreversibles que en ella se producen. Los procesos reversibles, en cambio, siempre corresponden a idealizaciones: para atribuir al péndulo un comportamiento reversible debemos descartar la fricción, y ello sólo vale como aproximación.

Somos azar con sentido.
     La voluntad surge, o la sensación de voluntad aparece, cuando hay un deseo (como querer mover una mano) y un hecho consciente que lo termina, o lo satisface (la mano que se mueve. No toda mano cesa o termina el deseo: sólo de aquella que lo termine, diré que es mi mano). Tal hecho además puede ser mental. El deseo y el hecho que lo termina no están conectados, pues bien puede aparecer el deseo y nunca el hecho que lo termina (como querer mover una mano y que la mano no se mueva). Algo muy extraño pero que no se me ocurre imposible sería encontrarme con alguien de quien los deseos que sólo fueran terminados por un pensamiento nunca tuviera tales pensamientos; tal persona sería alguien que pensaría desordenadamente y estaría frustada permanentemente. La voluntad es el simultaneidad de un deseo y un hecho consciente que lo termina. Un hecho que termina cierto deseo puede aparecer sin el deseo; por ejemplo, está el síndrome de la mano extraña, o los tics.
     Si consideramos un deseo y un pensamiento en una persona, éste tiene cierta probabilidad de ocurrir cada vez que aparece aquel deseo. Y viceversa, si se consideran un pensamiento y un deseo, éste tiene cierta probabilidad de ocurrir cada vez que aparece aquel pensamiento. Si ocurre un deseo α, entonces se tiene una gama de hechos β1, β2,..., βn que ocurren al aparecer α. Aquel que satisfaga el deseo α aumenta su probabilidad de ocurrir, con repecto a los otros, en la siguiente aparición de α, digamos que es &betaj. De no aumentar su probabilidad, no seríamos capaces de aprender. Por ejemplo, si aparece el deseo de tomar una piedra negra frente a uno, aparecen varios movimientos del brazo, pero sólo algunos satisfacen el deseo α. Éstos aumentan su probabilidad de ocurrir para la siguiente aparición de α. Cada vez que ocurre α, no siempre ocurra &betaj. Es posible imaginar personas en que dicho aumento de probabilidad no ocurra; en ese caso, me imagino, se hablaría de padecimientos. Las decisiones son simplemente hechos con una mayor probabilidad de ocurrir a la aparición de cierto deseo. Así es como ocurre que movemos un brazo, o damos dirección al pensamiento.
      Por último, volquemos nuestra atención a la voluntad de Dios. Si la única voluntad que conocemos es la nuestra, resulta algo absurdo usar la misma palabra (‘voluntad’) para cualquier otra cosa que imaginemos que es la voluntad de Dios; así que, de tener Dios una voluntad, sería de la misma naturaleza que la nuestra, un constructo de la mente y un producto del azar.
     “Considero que el determinismo laplaciano es el obstáculo más sólido y más serio en el camino de una explicación y una apología de la libertad, creatividad y responsabilidad humanas”. Karl Popper.
     “¿Para qué sirve el tiempo?... El tiempo es lo que impide que todo sea dado de una vez. Aplaza, o, más bien, es aplazamiento. Por lo tanto debe ser elaboración. ¿No será entonces el vínculo entre creación y elección? ¿Acaso la existencia del tiempo no probaría que hay indeterminación en las cosas?”. Henri Bergson.
     “La respuesta que podemos dar hoy al dilema de Epicuro es enraizar el indeterminismo y la asimetría del tiempo en las leyes de la física.”. Ilya Prigogine.