(Para no dejar morir este blog).
Cuando uno está realizando un discurso en la cabeza, lo que está ocurriendo en la mente es una sucesión de pensamientos, además, con sentido, es decir, sin apariencia de ser aleatorios, lo que nos hace pensar sin duda alguna que nosotros somos quienes guiamos nuestros propios pensamientos. No obstante, si es cierto que guiamos nuestros propios pensamientos, entonces sería cierto que somos capaces de elegir nuestro próximo pensamiento; sin embargo, para elegirlo, éste tendría que ser un pensamiento actual, uno ya presente en la mente, y no uno próximo, uno por ocurrir; por lo tanto, no es cierto que somos capaces de elegir nuestro próximo pensamiento en una sucesión de pensamientos o discurso: nos es imposible elegir nuestro próximo pensamiento. Si así son las cosas, que nuestros pensamientos aparecen sin guía alguna, entonces ¿qué es aquello que escuchamos en nuestra mente mientras tenemos un discurso en ella?, ¿cómo la aparición espontánea de pensamientos puede tener sentido?, ¿cómo una sucesión de pensamientos aleatorios puede tener sentido? Eso es precisamente lo que me gustaría responder.
El azar con sentido ocurre por todos lados en la Naturaleza. ¿Todas las estructuras presentes en el Universo no surgen precisamente de procesos aleatorios? Citando a Ilya Prigogine:
Somos azar con sentido.
La voluntad surge, o la sensación de voluntad aparece, cuando hay un deseo (como querer mover una mano) y un hecho consciente que lo termina, o lo satisface (la mano que se mueve. No toda mano cesa o termina el deseo: sólo de aquella que lo termine, diré que es mi mano). Tal hecho además puede ser mental. El deseo y el hecho que lo termina no están conectados, pues bien puede aparecer el deseo y nunca el hecho que lo termina (como querer mover una mano y que la mano no se mueva). Algo muy extraño pero que no se me ocurre imposible sería encontrarme con alguien de quien los deseos que sólo fueran terminados por un pensamiento nunca tuviera tales pensamientos; tal persona sería alguien que pensaría desordenadamente y estaría frustada permanentemente. La voluntad es el simultaneidad de un deseo y un hecho consciente que lo termina. Un hecho que termina cierto deseo puede aparecer sin el deseo; por ejemplo, está el síndrome de la mano extraña, o los tics.
Si consideramos un deseo y un pensamiento en una persona, éste tiene cierta probabilidad de ocurrir cada vez que aparece aquel deseo. Y viceversa, si se consideran un pensamiento y un deseo, éste tiene cierta probabilidad de ocurrir cada vez que aparece aquel pensamiento. Si ocurre un deseo α, entonces se tiene una gama de hechos β1, β2,..., βn que ocurren al aparecer α. Aquel que satisfaga el deseo α aumenta su probabilidad de ocurrir, con repecto a los otros, en la siguiente aparición de α, digamos que es &betaj. De no aumentar su probabilidad, no seríamos capaces de aprender. Por ejemplo, si aparece el deseo de tomar una piedra negra frente a uno, aparecen varios movimientos del brazo, pero sólo algunos satisfacen el deseo α. Éstos aumentan su probabilidad de ocurrir para la siguiente aparición de α. Cada vez que ocurre α, no siempre ocurra &betaj. Es posible imaginar personas en que dicho aumento de probabilidad no ocurra; en ese caso, me imagino, se hablaría de padecimientos. Las decisiones son simplemente hechos con una mayor probabilidad de ocurrir a la aparición de cierto deseo. Así es como ocurre que movemos un brazo, o damos dirección al pensamiento.
Por último, volquemos nuestra atención a la voluntad de Dios. Si la única voluntad que conocemos es la nuestra, resulta algo absurdo usar la misma palabra (‘voluntad’) para cualquier otra cosa que imaginemos que es la voluntad de Dios; así que, de tener Dios una voluntad, sería de la misma naturaleza que la nuestra, un constructo de la mente y un producto del azar.
“Considero que el determinismo laplaciano es el obstáculo más sólido y más serio en el camino de una explicación y una apología de la libertad, creatividad y responsabilidad humanas”. Karl Popper.
“¿Para qué sirve el tiempo?... El tiempo es lo que impide que todo sea dado de una vez. Aplaza, o, más bien, es aplazamiento. Por lo tanto debe ser elaboración. ¿No será entonces el vínculo entre creación y elección? ¿Acaso la existencia del tiempo no probaría que hay indeterminación en las cosas?”. Henri Bergson.
“La respuesta que podemos dar hoy al dilema de Epicuro es enraizar el indeterminismo y la asimetría del tiempo en las leyes de la física.”. Ilya Prigogine.
Cuando uno está realizando un discurso en la cabeza, lo que está ocurriendo en la mente es una sucesión de pensamientos, además, con sentido, es decir, sin apariencia de ser aleatorios, lo que nos hace pensar sin duda alguna que nosotros somos quienes guiamos nuestros propios pensamientos. No obstante, si es cierto que guiamos nuestros propios pensamientos, entonces sería cierto que somos capaces de elegir nuestro próximo pensamiento; sin embargo, para elegirlo, éste tendría que ser un pensamiento actual, uno ya presente en la mente, y no uno próximo, uno por ocurrir; por lo tanto, no es cierto que somos capaces de elegir nuestro próximo pensamiento en una sucesión de pensamientos o discurso: nos es imposible elegir nuestro próximo pensamiento. Si así son las cosas, que nuestros pensamientos aparecen sin guía alguna, entonces ¿qué es aquello que escuchamos en nuestra mente mientras tenemos un discurso en ella?, ¿cómo la aparición espontánea de pensamientos puede tener sentido?, ¿cómo una sucesión de pensamientos aleatorios puede tener sentido? Eso es precisamente lo que me gustaría responder.
El azar con sentido ocurre por todos lados en la Naturaleza. ¿Todas las estructuras presentes en el Universo no surgen precisamente de procesos aleatorios? Citando a Ilya Prigogine:
La entropía es el elemento esencial que aporta la termodinámica, ciencia de los procesos irreversibles, es decir, orientados en el tiempo. Sabemos lo que es proceso irreversible. Se puede pensar en la descomposición radioactiva, en la fricción o en la viscosidad que modera el movimiento de un fluido. Todos esos procesos poseen una dirección privilegiada en el tiempo, en contraste con los procesos reversibles, semejantes al movimiento de un péndulo sin fricción. Una sustancia preparada en el pasado desaparece en el futuro, y la viscosidad modera el movimiento del fluido hacia el futuro. En cambio, en el movimiento del péndulo ideal no podemos distinguir futuro y pasado. Si permutamos el futuro, es decir “+t”, con el pasado, es decir “-t”, obtenemos un movimiento pendular tan plausible como el primero. Mientras los procesos reversibles son descritos mediante ecuaciones de evolución invariantes en relación a la inversión de los tiempos —como la ecuación de Newton en dinámica clásica y la de Schrödinger en mecánica cuántica—, los procesos irreversibles implican una rotura de la simetría temporal.
La naturaleza nos presenta a la vez procesos irreversibles y procesos reversibles, pero los primeros son la regla y los segundos la excepción. Los procesos macroscópicos, como las reacciones químicas y los fenómenos de traslado, son irreversibles. La irradiación solar resulta de procesos nucleares irreversibles. Ninguna descripción de la ecosfera sería posible sin los innumerables procesos irreversibles que en ella se producen. Los procesos reversibles, en cambio, siempre corresponden a idealizaciones: para atribuir al péndulo un comportamiento reversible debemos descartar la fricción, y ello sólo vale como aproximación.
Somos azar con sentido.
La voluntad surge, o la sensación de voluntad aparece, cuando hay un deseo (como querer mover una mano) y un hecho consciente que lo termina, o lo satisface (la mano que se mueve. No toda mano cesa o termina el deseo: sólo de aquella que lo termine, diré que es mi mano). Tal hecho además puede ser mental. El deseo y el hecho que lo termina no están conectados, pues bien puede aparecer el deseo y nunca el hecho que lo termina (como querer mover una mano y que la mano no se mueva). Algo muy extraño pero que no se me ocurre imposible sería encontrarme con alguien de quien los deseos que sólo fueran terminados por un pensamiento nunca tuviera tales pensamientos; tal persona sería alguien que pensaría desordenadamente y estaría frustada permanentemente. La voluntad es el simultaneidad de un deseo y un hecho consciente que lo termina. Un hecho que termina cierto deseo puede aparecer sin el deseo; por ejemplo, está el síndrome de la mano extraña, o los tics.
Si consideramos un deseo y un pensamiento en una persona, éste tiene cierta probabilidad de ocurrir cada vez que aparece aquel deseo. Y viceversa, si se consideran un pensamiento y un deseo, éste tiene cierta probabilidad de ocurrir cada vez que aparece aquel pensamiento. Si ocurre un deseo α, entonces se tiene una gama de hechos β1, β2,..., βn que ocurren al aparecer α. Aquel que satisfaga el deseo α aumenta su probabilidad de ocurrir, con repecto a los otros, en la siguiente aparición de α, digamos que es &betaj. De no aumentar su probabilidad, no seríamos capaces de aprender. Por ejemplo, si aparece el deseo de tomar una piedra negra frente a uno, aparecen varios movimientos del brazo, pero sólo algunos satisfacen el deseo α. Éstos aumentan su probabilidad de ocurrir para la siguiente aparición de α. Cada vez que ocurre α, no siempre ocurra &betaj. Es posible imaginar personas en que dicho aumento de probabilidad no ocurra; en ese caso, me imagino, se hablaría de padecimientos. Las decisiones son simplemente hechos con una mayor probabilidad de ocurrir a la aparición de cierto deseo. Así es como ocurre que movemos un brazo, o damos dirección al pensamiento.
Por último, volquemos nuestra atención a la voluntad de Dios. Si la única voluntad que conocemos es la nuestra, resulta algo absurdo usar la misma palabra (‘voluntad’) para cualquier otra cosa que imaginemos que es la voluntad de Dios; así que, de tener Dios una voluntad, sería de la misma naturaleza que la nuestra, un constructo de la mente y un producto del azar.
“Considero que el determinismo laplaciano es el obstáculo más sólido y más serio en el camino de una explicación y una apología de la libertad, creatividad y responsabilidad humanas”. Karl Popper.
“¿Para qué sirve el tiempo?... El tiempo es lo que impide que todo sea dado de una vez. Aplaza, o, más bien, es aplazamiento. Por lo tanto debe ser elaboración. ¿No será entonces el vínculo entre creación y elección? ¿Acaso la existencia del tiempo no probaría que hay indeterminación en las cosas?”. Henri Bergson.
“La respuesta que podemos dar hoy al dilema de Epicuro es enraizar el indeterminismo y la asimetría del tiempo en las leyes de la física.”. Ilya Prigogine.
11 comentarios:
Tocas varios asuntos que me interesaría discutir, por ahora me concentraré en la idea de un "azar con sentido".
Me parece que ante la evidencia científica de orden y sentido en la naturaleza, que se impone cada vez más en los diferentes círculos científicos, pone en riesgos los presupuestos más importantes del paradigma neopositivista. Por eso, en en un acto de magia circense -de la manga, pues- Prigogine sacó el concepto de "orden a través de las fluctuaciones" como un intento desesperado de mantener al dios Azar-Accidente-Sinsentido propio del positivismo, reacio como siempre, a cualquier sugerencia de un "diseño inteligente"
Pero hablar de azar con sentido es un franco contrasentido. Y no sólo eso, la mera existencia del sentido ya merece una explicación racional que excluye al azar como fundamento último de las cosas.
La existencia del sentido y el orden en el cosmos me hace asentir ante el contundente dictum de Poincaré: "Azar es la medida de nuestra ignorancia".
Quise decir: "se ponen en riesgo los presupuestos..."
Una aclaración: no sé si por "azar con sentido" entiendes exactamente lo que Prigogine. Mi crítica es precisamente contra el nobel y su idea de orden fundado en el azar.
Pero sí creo que se pueda hablar de azar con sentido, si precisamente se entiendo por esto que el azar está fundado en un orden superior que acepta lo aleatorio sobre ciertos límites que le dan sentido y cauce.
Yo cité a Ilya Prigogine porque vi cierta relación con mi argumento y explicación. No conozco su trabajo sobre sistemas inestables como para saber a ciencia cierta si sus conclusiones acerca de su propio trabajo fueron sacadas de la manga. Yo sólo ofrecí un argumento de por qué no es posible que guiemos nuestros propios pensamientos, y un posible modelo, muy general por cierto y probabilístico, que explicara ese flujo sin guía pero con sentido. Por otro lado, no veo tu contraargumento o una posible explicación alternativa de la conclusión de mi argumento si estás de acuerdo con él. Sólo veo una cita que afirma una postura, y que no es un argumento. Digo, uno podría pásarsela en un ping-pong de citas y contracitas de grandes personajes que sólo afirmen posturas opuestas, pero así no se llega a ningún lado, creo yo.
Por otro lado, yo no veo la oposición entre azar y con sentido (o azar, más claramente aleatoriedad, y orden). O por lo menos yo no veo una oposición clara. Si para ti es clara tal oposición sería útil que la expusieras. Donde sí veo una clara oposición es entre determinismo y aleatoriedad.
Mi comentario anterior fue antes de ver tu cuarto comentario, pero de todos modos. Por otro lado, no he terminado, nomás que luego Blogger no me deja poner comentarios tan largos.
No sé a qué te refieres con ‘orden superior’, sobre todo con ‘superior’. Esta palabra me hace pensar en una colección de órdenes ordenados, como si pudiéramos hablar de órdenes inferiores, o como si pudiéramos comparar esos órdenes y saber entonces cúal está por encima de cuál o si son incomparables. Y entonces ya no sé de qué órdenes hablas.
Ahora, en lo que toca a si el Universo está fundado en el azar o en el orden (y supongo que con esto te refieres a que si el Universo entero se puede explicar mejor con un modelo probabilista que con uno determinista, o viceversa), ahí sinceramente no tengo uno o varios argumentos que considere contundentes para fundamentar mi postura. Sólo tengo un argumento y una posible explicación en cuanto a si guiamos nosotros mismos nuestros pensamientos o no. Mi afirmación sólo es acerca de una pequeñísima porción del Universo.
Y encontré una relación entre mi explicación y las afirmaciones de Ilya Prigogine.
Efectivamente, tu entrada trata sobre la voluntad. Pero como te darás cuenta ahora, después de haber leído el cuarto comentario, no era esa mi discusión, sino la cosmovisión de Prigogine que pretende sacar como un mago el conejo del orden de la manga del azar. Y esto no es una cuestión de física -y por tanto, podemos soslayar los sistemas inestables- sino de metafísica, ontología y hasta de lógica.
Cierto, con el vocablo "superior" supongo una jerarquía donde el kosmos(orden) está alegóricamente "por encima" del kaos. Puesto que el orden nos permite, entre otras cosas, la posibilidad de hacer una ciencia física, de buscar invariantes y hasta leyes.
No me parece tan honesto, por otro lado, que reduzcas todo el primer comentario a una sóla cita, cuando sí hay un argumento, aunque no lo he desarrollado pues no es un ensayo ni una investigación documental, tan sólo un comentario en un blog informal. El argumento, que no es un mera postura, es el siguiente: "la mera existencia del sentido ya merece una explicación racional que excluye al azar como fundamento último de las cosas."
¿La explicación que doy de cómo creo que podría surgir el sentido, ya sea en el pensamiento o en el movimiento de una mano, no es racional? Yo creía que sí era.
Por otro lado, si yo te dijera, en cualquier contexto: “esto merece una explicación racional que excluye al azar como fundamento último de las cosas.”, ¿pensarías que tal afirmación es un argumento? A lo mejor entiendo mal el verbo ‘merecer&, pero lo que entiendo con esa frase es que tú quisieras o consideras importante, para esto, una explicación racional y no probabilista. Pero no veo por qué que tú quieras o consideres importante una explicación con esas propiedades, sea un argumento. Yo creía que un argumento era la afirmación acerca de algo, inferida por medio de un modus ponens o modus tollens (si es a partir de premisas verdaderas) o contradicción (claro que hay otras formas de argumentos, pero son menos usuales). Por ejemplo, mi afirmación era ‘no somos capaces de elegir nuestro próximo pensamiento’, inferido de una contradicción: ‘si es cierto que guiamos nuestros propios pensamientos... ’...
Yo creía que así se hacían los argumentos.
¿O tú cómo usas la palabra ‘argumento’?
También me queda claro la oposición entre caos y orden, pero no la equivalencia entre azar y caos, y por lo tanto, como dije, no que queda claro la oposición entre azar y orden. Por otro lado, no uso la palabra ‘caos’ en el texto.
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