Elusiva e hipócrita, uno no suele reconocerla por sus rasgos cuando se la encara: si alguien nos confronta diciendo que recién la vio pasar por aquí, delante nuestro ¿acaso no solemos decir que su rostro afectaba extravagancia, demencia o desazón y que por ende, recelosos de su desdén, preferimos seguir de largo, luciendo el desabrido semblante de nuestra vida mediocre, pero consolidada?
Aquellos que alcanzan a ser topetados por ella comprenden, una vez repuesta su indiferencia sorprendida, el carácter profundamente trágico que reviste a la existencia humana, irremisiblemente condenada a la obliteración, al silencio y al olvido ---como todo lo que es y vive alrededor suyo---; pero dotada del registro más cruel y personalísimo de la proximidad que guardamos con estos.
(La conciencia es lo único que verdaderamente nos pone en contacto con la muerte, ya de manera remota, ya en el instante último; y precisamente en éste parece obrar como una serpiente que se muerde la cola, porque al decir "conciencia de la muerte", estamos hablando de la conciencia que asiste a la aniquilación de sí misma).
Así ¿qué harás la próxima vez que se te atraviese la genialidad?
3 comentarios:
Cuando la genialidad se presente en mi vida, beberé cerveza para celebrarlo. Antes de ello no me cansaré de llamarla mediante el trabajo. Una vez que se haya ido, seguiré celebrando su esporádica visita pues ¿cuántos en realidad llegan a conocer la genialidad?
lo más probable es que haga lo mismo que hice el martes pasado. abrir la boca sin decir nada, luego, decir mil cosas incoherentes. más tarde pensar en que no tengo a quién darle gracias, y terminar llorando frente a la guadalupe. y lo que quedó, lo que hay ahora, eso es lo más interesante.
La próxima vez que me encuentre con la genialidad, la veré con sospecha, me acercaré y le sonreiré: cada vez que me quedo dormido, mi conciencia es aniquilada, y no hay nada más apacible, más despreocupante, más insintiente que la inexistencia.
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