1. Cada uno de nosotros representa una forma única e irrepetible de experimentar el mundo y no podemos ponderar del todo esta condición, sino con la fuerza endeble que nos brinda la conciencia del instante. Inútilmente nos apalancamos con el ajuar triste y personalísimo de nuestra propia decadencia: ¿a qué bien conservar las cartas que inevitablemente interesarán a nadie y permanecerán como un camino que nadie más recorrerá nunca, porque carece de todas las referencias necesarias para orientarse? ¿A quién interesarán nuestras fotografías en doscientos años como no sea a los curiosos que busquen asomarse a nuestra forma de vestir y a los lugares y acontecimientos de los que quisimos guardar memoria? ¿Seremos lo suficientemente egoístas como para reclutar a quien sea a nuestra causa y cargarlo con el bagaje de lo que fuimos, hicimos y quisimos?
2. Si el presente dura un instante e irremisiblemente vivimos un pasado continuo, esto bien podría explicar cuál es el espacio físico de la conciencia humana en el ápice de nuestras cabezas.
3. Vamos por la vida, todos los días, sin percatarnos de que somos vestigios de un idioma irrecuperable que se desvanece y de que la única forma mediocremente humana de arrostrar esta tragedia es vivir con la convicción de que somos eternos.
4 comentarios:
No me queda claro cómo se sigue de la instantaneidad del presente y la continuidad del pasado, la explicación de cuál es el espacio físico de la conciencia humana en el ápice de nuestras cabezas.
Una pequeña petición: podrías poner por favor en la parte esa de Haga su comentario que quien escribe eso de "Estoy harto de escuchar comentarios..." eres tú, porque, bueno, a mí no me pasa lo mismo; es decir, no todos los autores de estas entradas piensan lo mismo.
Siempre he creído que lo único que puede abarcar este brevísimo e irrepetible instante, que es el presente, y al que accedemos empíricamente a través del pasado, es algo infinitesimalmente minúsculo, de magnitudes físicas "despreciables" y capaz de actualizarse instantáneamente a velocidad infinita: la conciencia humana.
(Y con respecto a lo segundo, mi intención nunca fue inhibir a nadie. Al contrario, quería provocar reacciones y parece que lo conseguí... Pero ya está, ya está).
Discrepo. El presente físico es una cosa y el presente de la conciencia es otro, por varias razones que diré a continuación:
1. Si se nos proyecta una imagen que dure menos de un milisegundo en una pantalla, para nosotros la imagen nunca fue proyectada, no tendremos registro consciente de que tal cosa ocurrió.
2. Las últimas investigaciones acerca de la conciencia parecen indicar que la percepción consciente es discreta, no continua, y que la duración de esos lapsos de conciencia dependen del estímulo y la modalidad sensorial (audición, visión, olfato, etc.). Tales lapsos se cree que están relacionados con ciertas oscilaciones ritmícas cerebrales. Por ejemplo, las células corticales posteriores se disparan en sincronía, durante una experiencia visual consciente, a un ritmo de oscilación aprox. de 40 Hz. Tal ritmo fue registrado por el neurofisiólgo Charles Gray y un tal Singer. Otro que también trabaja en la duración de tales lapsos es Rufin VanRullen.
3. La cantidad de información audioverbal (promedio, me imagino) que podemos tener consciente en un momento, es decir, la capacidad de la memoria funcional (también llamada memoria inmediata) para unidades audioverbales es siete. Este dato lo vi en un libro de Mark Solms.
Todo esto me hace pensar que la conciencia, humana, no se actualiza a velocidad infinita ni que esas unidades de presente que percibimos sean de una magnituda física despreciable. Parece que el acuerdo es que sucesos que ocurren en un lapso de 100 milisegundos aprox., para nosotros se presentan como simultáneos.
Oye, hace un bueno que no escribimos acá.
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